Pues ejemplo del
contrato de edición llegó por mensajero. Primero un modelo del cual hablaremos, y tiempo después el definitivo firmado por el editor. Entre uno y otro, las autoras fueron a estampar sendas rúbricas a Colmenar Viejo. Toda una formalidad.
Para celebrar el hecho se dirigieron a la Cervecería Marina. Allí Fernando Marina (por cierto que hay un
director de orquesta del mismo nombre), simpático y generoso dueño, les sirvió unos platos combinados hip

ercalóricos y colesterosos que hicieron las delicias de las autoras; todo esto bañado de cerveza extra fría con limón.
Algo así:

Nada refinado, pero contundente. La grasa hace milagros. Como decía
Icli Zitella de las preparaciones de su madre: los platos parecían un
Kokoschka.
Oskar Kokoschka: Bodegón con amorcillo y conejoPues la ilustradora no pudo más que incluir en algún lugar del libro el famoso festín oleaginoso. He aquí su versión un poco a lo
Dalí del plato combinado:

Pero volvamos al contrato, pues algo llamó la atención de una de las autoras cuando leyó el primero modelo. En él figuraba nada más y nada menos que
Piedad Bonnett como autora (era una copia de un contrato que Amargord había hecho con ella). Lo que son las casualidades, pues en esos momentos, la escritora estaba leyendo a esta poeta y había colgado un poema suyo en su blog:
OraciónPara mis días pido,
Señor de los naufragios,
no agua para la sed, sino la sed,
no sueños
sino ganas de soñar.
Para las noches,
toda la oscuridad que sea necesaria
para ahogar mi propia oscuridad.
Piedad Bonnett
Bonita casualidad, en verdad.
POR ÚLTIMO
Vale mencionar que hubo una persona que asesoró a las autoras en relación con el contrato. Se trata de José María Rodero (hijo del
actor). Profesor de ambas autoras en los cursos de edición que han tomado. Una por
Editrain y la otra por la
Universidad de Alcalá. La ilustradora sobrevivió, entre otras cosas, las clases de cálculos de costo y otras materias corbatudas y muy terrenales. La escritora puede decir lo mismo, pero a qué negar la importancia del constante y sonante dinerillo, vital a la hora de alimentar y mantener excentricidades, artilugios y sueños editoriales difíciles de catalogar.
En este punto, no está demás decir al queridísimo lector que las donaciones son más que bienvenidas, pues faltan siete cuadros por hacer, tres proyectos de libro más por desarrollar y toda una vida artística por vivir.
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