El REALISMO MUERTO es a la pintura lo que el IRREALISMO PRAGMÁTICO es a la escritura. En el primer caso no se trata de la representación de meras naturalezas muertas y, en el segundo, no se trata de la simple elaboración de una autoayuda hermética.
En ambas expresiones irrumpe la fantasía de una manera caprichosa, juguetona y a veces irónica, bordeando lo cursi en su ingenua aproximación a la muerte. Estamos hablando de dos formas de oxímoron artístico. Contradicciones que intenta atrapar el sinsentido que habita entre significados, entre imágenes, entre latidos.
EL REALISMO MUERTO no busca plasmar la realidad con objetividad, pero tampoco la idealiza. Objetos muertos, seres vivos se confunden en una realidad imposible para la existencia. Hay un objetivo: crear combinaciones de imágenes aparentemente azarosas que generen metáforas, intuiciones, provocación. No es en ningún caso una pintura automática o meramente emocional. Ha sido concebida con premeditación y alevosía: pintora y escritora, reunidas en torno al ordenador, han coleccionado imágenes tomando como referencia inicial los elementos definidos en el Glosario del libro
Sabia Vida Savia y luego han generado collages. A partir de allí, la pintora ha comenzado un trabajo enriquecido por su fantasía, sus experiencias, su personalidad.
Glosa y Estampa continúa en lienzos el diálogo terapéutico entre los textos y dibujos de
Sabia Vida Savia, que comenzó con una serie de collages previos al libro y que culmina en siete óleos que proponen el REALISMO MUERTO como una alternativa artística al espejo.